En 2006 Eduardo y yo coincidimos en la única clase (en castellano) del primer curso de nuestra carrera, dos palurdos de manual, cada uno recién llegado de otra ciudad y cargando con diversas ilusiones y aspiraciones. Dos chavales que estaban a punto de hostiarse contra la falsa imagen de ideal universitario qué tan a teleserie sonaba pero que tanto nos habían hecho creer y que cual hipopótamos tragabolas nos habíamos zampado.
Años de interminable sopor que dura la educación básica para acabar amarrado a la carpeta de EHU (a la cual nos obligan a volver, gracias ) de esa manera tan peculiar que tienen las palurdas en la tele, cerrar los ojos y hacer un esfuerzo por recordar cómo se suponía que iba a ser todo esto: Vamos todos los sabiamante elegidos, vamos crecer y madurar juntos, vamos a desarrollar nuestros intereses comunes entre compañeros, olvida aquellos entrañables animales salvajes que habitaban el instituto, ya no están esperando a que les liberen para fumar todo el costo que el cuerpo humano puede digerir en 10 minutos, ya no se llega el lunes de empalmada de el peor after para terminarse el cristal que te ha sobrado sobre el pupitre, que no coño, que ni chandals ni malas caras, que esto es la universidad.
Aquí libros técnicos, profundas discusiones filosóficas, ¿Me dejas los apuntes? Literatura clásica y cine de autor.
Bueno a ver, que quizás pruebes alguna droga social nueva (jiji jaja todo de “buenro”) y los jueves puedes abandonar la rutina para escapar a tomar unas cervezas, sino te va ese rollo puedes elegir entre diversas actividades culturales y/o deporte: barra libre de créditos de libre elección.
Menuda chasca nos llevamos cuando al tropezar nos apoyamos contra el cartón-piedra que hacía de decorado y se vino abajo… Nos quedamos los dos de pie, en silencio, viendo lo que había detrás del atrezzo, los demás seguian actuando como si no viesen a los cámaras, Loli de maquillaje vino y nos puso más polvo encima para tapar las imperfecciones. Para taparnos la puta cara de desgraciados que se nos quedó.
Gorilas en la niebla.
Me paro de quejar ya mismo. Un abrazo (solo eso pillín) a aquel cura y algún que otro gran maestro de la enseñanza que con tanta claridad veían mi destino y que tan claro me dejó a mí y a mis amigos que mejor desistir ante los designios del señor.
Eduardo es muy fan de los cómics, sobre todo de los de Superhéroes ( y ahora que están tan de moda se puede confesar tranquilamente que incluso ganas adeptos ) total que mientras yo gasto mi ración de internet (y algunos eurines) en discos, él lo hace en cbrs de la muerte: necesita un Ipad para evitar el continuo dolor de espalda, yo no quiero uno para absolutamente nada, bueno me divertiría un rato con todas las versiones de instrumentos que están sacando, como la electribe de KORG. Pero por supuesto prefiero maquinitas de hacer ruido de verdad.
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